Caldo de camarones y almejas a la Pedro Chávez

 

IMAGEN: Camarones a la Pedro Chávez, esperando que me los devore.

 

Me voy tomar la libertad de bautizar este caldo agregándole mi nombre de pila, ya que yo lo inventé. Por supuesto, como buen cocinero práctico, el platillo no está preparado desde cero (“from scratch”, como se dice en gringolandia). Lo pensaba llamar “Caldo Pedro Chávez Special”, en honor a Pedro Infante y su bebida especial en la película A.T.M., pero mejor no lo hice para que no se me acuse de creído.

La razón que le dedico tiempo a la cocina es porque mi esposa está en Costa Rica cuidando a mi suegro, un señor con temple de roble que el diciembre pasado cumplió cien años de vida. Claro, podría comprar pizza, una grandota, y tener para tres o cuatro días, o comida china para no tener que cocinar o tener que limpiar la cocina después de ensuciarla. La mera verdad, le dedico también tiempo a la preparación de mis alimentos más que todo porque estoy muy mal acostumbrado. Mi esposa es una gran cocinera. Así que cuando ella no está, no voy a andar comiendo cochinadas.

También me gusta la variedad. Y lo saludable. En la noche cuando consumo algún caldo siempre duermo a todo dar. Parece que me caen bien. El que sigue es uno de ellos. Entre paréntesis, no sé que tan sana sea la comida de lata, pero es práctica. Es por esa razón que antes de comprarla trato de leer el contenido de la misma: ingredientes, grasa saturada, colorantes, MSG, etc., etc. Ah, y cuántas calorías tiene por porción. Es súper importante revisar eso, especialmente para personas como yo, las que siempre andamos dizque haciendo dieta.

Me gustan mucho los camarones. Por estos rumbos no los venden frescos, así que los compro congelados, generalmente en bolsas de dos libras. Busco los de origen silvestre, del golfo de México, porque no son de criaderos como muchos de los camarones que venden en los súper mercados. Prefiero los de tamaño mediano y que vengan con cáscara y cola, pero sin cabeza. Los limpio bien antes de cocinarlos.

CALDO DE CAMARONES A MI MANERA

Uso una lata de Manhattan Clam Chowder (sopa de almejas en salsa roja) marca Campbell’s, la cual es a veces difícil de conseguir. La regular, la de salsa blanca, no funciona para mi receta por dos razones. Ahora les explico. Porque le agrego Clamato y tomate fresco a la sopa y porque la salsa blanca tiene un montón de calorías, de esas que no son beneficiosas para nosotros los gorditos.

Echo el contenido de la lata en una olla mediana y le agregó la mitad de esa lata con Clamato, un tomate fresco en trocitos, cebollita verde picada al gusto, y cilantro bien picadito también. Una vez que hierve la sopa, le agrego unos doce camarones, sin cola ni cáscara. En cuanto noto que agarran color, apago el fuego para que no se encojan o se pongan duros o que pierdan su gusto. A veces los meto con cola y cáscara y se las quito después de cocinarlos ya que le agregan un buen sabor al caldo, además de que contienen quitina, una sustancia con cualidades medicinales. Claro, andar quitando colas y cáscara conforme uno consume la sopa como que no es muy práctico. Digo yo.

Una vez servida, a la sopa le pongo chile Tabasco al gusto, bastante jugo de limón, y galletitas para sopa (Oyster crackers). De vez en cuando me encuentro una que otra almejita escondida entre los otros ingredientes del caldo, ya que supuestamente las trae la lata de ese tipo de sopa. Son bien poquititas, pero algo es algo, dijo el calvo. De todas maneras (como dicen los chilenos), lo que más me gusta, no cabe duda, son esos camarones que truenan al comerlos y que están preparados, como ya lo dije antes, a mi manera.

Acompaño la cena con un buen tinto, en este caso un Mondavi, de Woodbridge, California. Ya sé, me van a decir que con mariscos se toma el vino blanco. Yo no le hago caso a esa regla y tomo lo que me gusta (o lo que haya). JaJaja.

Salud. Espero sus comentarios. Gracias.

 

AUTOR: Pedro Chávez

 

Las tortillas de harina de Wendy

IMAGEN: Paquete de tortillas y otros productos de la tienda Kroger.

 

Me encantan las tortillas de harina, aunque no las como mucho por eso de que la harina no es buena para uno que ya está viejito y porque siempre hay que andar cuidando la salud. Pero sí las como, un día por medio. Pongo una tortilla sobre el calentador de la estufa y le doy varias vueltas hasta ver que se infla la canija. Después le meto algo sabroso en ella y me la como.

A mi esposa le gusta comérselas con mantequilla. Eso hacía yo cuando estaba chico y vivía en una de las nuevas colonias de Mexicali, la ciudad donde yo nací y crecí. Tuve suerte, mi mamá cocinaba un altero de tortillas todas las mañanas. Casi todas las mujeres de ahora no las cocinan. No las culpo; es mucho trabajo. Es preferible comprarlas ya hechas. Pero no todas se inflan así de bonito como las que hacía mi mamá.

Aquí en el norte de Texas una de las cadenas de supermercados decidió hace varios años preparar tortillas de harina en la tienda. La primera vez que noté que las confeccionaban, noté también un gran rótulo en dicha sección de ese lugar que denominaba a ese rincón con el nombre de “Tortillería”. Una vez que le di una probadita a una de esas tortillas, déjenme decirles, me gustaron. Se parecían mucho a las que hacía mi mamá allá en los años cincuenta.

Afortunadamente, una de esas tiendas con tortillería se encuentra muy cerca del lugar donde vivo en Frisco, Texas. Es el supermercado Kroger, una cadena de tiendas de abarrotes y otros productos para el consumidor que tiene varios nombres, dependiendo de la región geográfica.

En el sur de California esos supermercados son conocidos como Ralph’s, en el norte de ese estado los llaman Fry’s. Debo aclarar que no todas las tiendas de esa cadena tienen tortillerías. Como ya les dije, la sucursal cerca de mi casa confeccione y vende esas delicias. Las prepara una mujer china de nombre Wendy a quien he conocido durante una media docena de años. Diría que es mi amiga.

Es buena onda esa señora. Siempre me saluda cuando me pilla vagando en la tienda con mi canasta rodante. Una vez que me paro frente a la tortillería me da a probar una de esas riquezas, recién hecha y bien enrollada. Yo se la acepto y además practico un poco del idioma mandarín, algunas de las palabras que aprendí cuando estaba destacado en una base aérea en Taiwán, hace ya un montón de años.

“¿Nin jao má?”, es mi saludo (¿Cómo estás?). Ella se ríe y me responde con palabras que no entiendo, excepto cuando me pregunta: “¿Wey se má?” (¿por qué?), al notar que traigo varias botellas de vino en la canasta.

“Es que el precio está muy bueno”, le digo y me río.

“Demasiado vino”, me dice en inglés y me amenaza con el dedo, pero yo me río de nuevo. Un día le conté que tenía más de doscientas botellas sin abrir en mi casa. Me dijo que estaba loco y que además no era bueno tomar tanto. Yo le expliqué que yo aprovechaba las ofertas, especialmente cuando se ofrecía el vino al veinte por ciento de descuento (al comprar seis botellas de un trancazo).

“No es bueno tomar tanto”, repite.

Una vez que me despedí de ella le di un buen mordisco a la tortilla que me había regalado. Estaba bien calientita la canija, y bien sabrosa, a pesar de que me la comí sola.

Así son las tortillas de Kroger, especialmente las hechas por esa amiga china, la tremenda Wendy. Buenas esas tortillas de harina. Me recuerdan mucho a las que comía en Mexicali.

Autor: Pedro Chávez

 

Investigue, Entienda Bien Su Crédito Personal

 

 

Algo que les sugiero hacer antes de ir a la agencia de autos a comprarse su carrito o su camioneta es tener una idea sobre el estado actual de su crédito. Ese conocimiento lo va a preparar para que negocie mejor las tazas de interés que les ofrezcan las entidades bancarias en el financiamiento del vehículo que compre.

De acuerdo con la institución bancaria TD Bank, si alguna vez obtuvo una hipoteca o un préstamo para automóvil, es probable que hayan revisado su historial crediticio y su puntaje crediticio personal para darle dicho préstamo.

“Comprender su puntaje crediticio personal y tomar medidas para mejorarlo puede ayudarlo a mantener un panorama financiero próspero”, explica un documento publicado por el banco para ayudar a los usuarios de productos financieros.

“El informe crediticio personal es un resumen de la información archivada en una oficina de crédito, una compañía que recopila información sobre la manera en que la gente maneja el crédito”, agrega el documento y explica que las tres oficinas de crédito más importantes son Equifax, Experian y TransUnion.

Su informe crediticio personal contiene información sobre sus antecedentes financieros, que incluye: la cantidad total de cuentas de crédito que ha abierto, incluyendo hipotecas, tarjetas de crédito, préstamos para autos y otras cuentas; la cantidad que debe en cada cuenta, y los pagos mensuales que debe hacer por cada una; las cuentas que paga debidamente; cuentas “morosas” (cuyos pagos están vencidos, pueden tener un efecto negativo en su puntaje crediticio); cuentas “negativas” (aquellas que afectan negativamente su puntaje crediticio) y cuentas que han sido cerradas.

Si desea más ayuda, yo le puedo ayudar personalmente. Llámeme a mi teléfono móvil, al (214) 316-1291 y con gusto lo atenderé gratuitamente. Me llamo Pedro Chávez y estoy listo para servirle.

Mediocampista con “Tres pulmones”

IMAGEN: Salim Chávez Guerrero, jugador del equipo U-12 de la academia de fútbol del FC Dallas.

Algunos lo llaman “Tres pulmones”, pero su nombre de pila es Salim Chávez Guerrero. Es uno de los jugadores del equipo U-12 de la academia nacional de balompié, operada en parte por la organización de fútbol profesional FC Dallas. Otras instituciones deportivas en los Estados Unidos también participan en esa agrupación.

La principal meta de la academia, de acuerdo con lo publicado en su sitio de Internet, es desarrollar a jugadores de fútbol juvenil con gran potencial a través de programas que incluyan más entrenamiento y menos énfasis en la adquisición de títulos y trofeos. Menos partidos también, pero más encuentros significativos, en otras regiones, en otros estados y otras naciones. El nombre de la organización es (en inglés) U.S. Soccer Development Academy (Academia de desarrollo del fútbol en Estados Unidos).

Salim nació en Phoenix, Arizona, el dieciséis de septiembre del 2005, pero es de origen mexicano. Sus papás son de Sinaloa, de Sinaloa de Leyva para ser más exacto. Se vinieron a Phoenix el mismo año que naciera Salim. Allí tenían familia. Ahora viven en el norte de Texas, en Little Elm, muy cerca del estadio Toyota en Frisco. Junto a ese recinto futbolístico se encuentran más de una docena de canchas donde entrenan Salim y esos otros chamacos obsesionados por patear la de gajos.

La familia Chávez se mudó a Texas debido a la oportunidad que se le presentó a Salim para que participara en dicha academia de fútbol. Era algo que tenían que aprovechar. El niño empezó a jugar como a los tres años de edad, cuenta la mamá. Ella se llama Julissa Guerrero (ahora de Chávez). Agrega que Salim pateaba la bola con sus primos en el patio de su casa en Phoenix.

FAMILIA CHÁVEZ: Mamá Julissa, papá René, hija Ammy, y Salim.

“Yo no le ponía mucha atención en ese entonces”, dice Julissa. “Pero poco a poco me di cuenta que era bueno para jugar, a pesar de estar tan chiquito”.

Todo eso cambió. Ahora sí que le pone atención a su hijo, especialmente durante los partidos, cuando según ella no para de gritar.

“Me quedo afónica”, agrega, de tanto echar gritos.

Entre paréntesis, eso de “Tres pulmones” es un apodo que le han dado a Salim sus amigos y los directivos técnicos de su equipo, porque según ellos no se cansa y no para de jugar. El niño es mediocampista. Fue seleccionado para ese puesto no sólo por su duradera energía, sino por su habilidad para tocar el balón y no perderlo.

“Recupera también muchos balones”, dice el papá, de nombre René Salim Chávez. Él hace todo lo posible por estar presente en casi todos los partidos de su hijo, pero a veces no puede hacerlo por cuestiones del trabajo. Eso le duele. Pero lo apoya de la mejor forma que puede.

Muchos de los encuentros se llevan a cabo en lugares lejanos, en otras ciudades de Texas y Estados Unidos. Eso dificulta acompañar al hijo. El año pasado Salim tuvo la oportunidad de ir a España y Portugal a participar en torneos en varias ciudades del viejo continente.

“Este año, en marzo, van a jugar cerca de Valencia”, cuenta el papá. El nombre oficial del evento es Torneo Internacional Fallas Ciudad de Burriana. Esa participación es parte del fogueo que la academia pretende darles a los jugadores para que aprendan a jugar bajo reglas internacionales y para que se enfrenten contra equipos con otras técnicas.

No cabe duda, Salim, el “Tres pulmones”, va por buen camino en eso del fútbol. Lo bueno es que le gusta ese deporte y se entrega con todo en la cancha y en los entrenamientos. Eso ayuda mucho. Además, tiene personas a su alrededor que lo apoyan, empezando con sus padres, los técnicos y los directivos de la academia de Frisco. Piensa seguir involucrándose en ese deporte dice Salim. Le gusta jugar y andar en el medio campo de la cancha moviendo el balón y ayudar para que su equipo gane.

“Me gusta esa posición porque así puedo bajar a la defensa y subir como delantero”, agrega. Inteligente chiquillo. Así son los jugadores que entienden el fútbol.

Por supuesto, él puede hacer eso de bajar y subir como si fuera nada porque tiene tres pulmones. Así son también muchos jugadores, chicos y grandes, aunque no tengan esos tres pulmones que tiene Salim. Los buenos jugadores dan todo por el todo en los noventa minutos o a veces más que están en la cancha.

Salim frente al estadio Toyota en la ciudad de Frisco, Texas.

Salim es también bueno en la escuela y se dedica a sus estudios. Cursa el sexto grado y entiende lo importante que es desempeñarse bien en el campo de la enseñanza escolar. Sus padres se lo recuerdan a cada rato. Él lo entiende y hace lo mejor que puede.

Entiende también su función en la cancha de fútbol. Sube, baja, controla el balón, se lo roba, hace pases estratégicos que a veces terminan en goles ejecutados por sus compañeros. En algunas ocasiones él mismo los mete.

Nunca se cansa. Eso parece. A la mejor sí se cansa y, posiblemente, él disimula el cansancio. Para que lo respeten los contrincantes y crean lo deseado. Que no le pueden ganar. Es por eso, quizás, que se roba balones y los controla y se los entrega a otros. Así son los grandes jugadores en este deporte. Crean jugadas evadiendo y burlando a los contrarios, controlan el balón y nunca paran de jugar. Así son, digo yo.

Salim es uno de ellos. Estoy seguro de eso. Es que tiene tres pulmones el chamaco. Además, sí que juega bien la media. Lo he visto en los vídeos de algunos de sus partidos. Un año de estos, en los años veinte, a la mejor después, si es que me dan licencia y todavía estoy vivo (tengo más de setenta años de edad), espero verlo en la primera división profesional y en la selección nacional. Aunque esa sea la de Estados Unidos. Ni modo, Salim nació aquí.

 

AUTOR: Pedro Chávez

Desayuno Rápido, Pero Bueno

IMAGEN: Torta de huevo a la Pedro Chávez, preparada en la cocina de mis esposa.

NOTA: Escribí este relato el año pasado. Me lo acabo de encontrar en el baúl de los recuerdos de Facebook. Me trajo gratos recuerdos la anécdota, además causó que me diera hambre. Soy bien comilón, por lo cual así de rapidito me entraron ganas de comer un buen desayuno. Lo bueno es que estamos de visita en la casa de mi hermana mayor en el norte de California. Sólo tuve que pedirle a ella que me preparara algo parecido. Como en forma de magia frente a mí apareció un manjar mucho mejor que el mío, el de la anécdota del año pasado.

* * *

DESAYUNO RÁPIDO, PERO BUENO

No es que me jacte de ser un gran cocinero, pero el desayuno de esta mañana me quedó a todo dar. Bien mexicano, también. Dos huevos revueltos (o pateados como les dicen en Costa Rica, el país de Vilma, mi esposa), con salchicha y jamón en trocitos, queso derretido arriba, y todo bañado con pico de gallo: cebollita verde, cilantro (en Costa Rica lo llaman culantro, ¡imagínense!). También le puse chile jalapeño y bastante tomate fresco. Todo bien picadito, excepto no todo el tomate. Por eso de la dieta, acompañé la vianda con pan de trigo, aunque habían tortillas.

Hoy es mi día libre; fue por eso que tuve tiempo para hacer mis travesuras en la cocina. Mi esposa está todavía en su país cuidando a su papá y a su hermano mayor. Cuando ella no está aquí, me toca a mí cocinar lo que me gusta. Y como a menudo pido azul celeste, pues me cuesta, por más sencillo que parezca preparar la comida.

Vilma es una gran chef. Buena para la cocina. Parece que no existe platillo alguno que no sepa preparar. Y es rápida también cuando se mete en su onda. Todo le sale bonito y sabroso. Ya tiene fama entre sus amigas y cuando está aquí en Texas, a cada rato la visitan esas damas para practicar eso de comensales. Lo bueno es que se devoran todo, aunque siempre me guardan mi platito, que acá entres nos es suficiente. Con eso de la eterna dieta, me he acostumbrado a comer poquito, pero a cada ratito. Cuentan que eso es bueno, lo de a poquitos, aunque conmigo no funcione. Le echo la culpa a la herencia.

Regresando a lo del desayuno que me hice esta mañana, cabe agregar que aprendí a prepararlo observando a mi mamá y a mi abuelita Cuca en el valle de Mexicali. Las dos eran de rancho. Mi mamá, Lydia García Espinoza, primero cocinaba la torta de huevo y después le echaba la salsa hirviendo encima. Mi abuelita era más tradicional; en la salsa hirviendo aventaba los huevos (sin cascarón, por supuesto), los cuales se cocinaban de inmediato. Ambas versiones estaban buenísimas. Esos sí eran desayunos.

El mío es sólo una humilde imitación de lo que hace muchos años gocé en la tierra que me vio nacer. Pero les voy a ser sincero, esa copia no estuvo tan mal. Saludos.

AUTOR: Pedro Chávez