Desayuno Rápido, Pero Bueno

IMAGEN: Torta de huevo a la Pedro Chávez, preparada en la cocina de mis esposa.

NOTA: Escribí este relato el año pasado. Me lo acabo de encontrar en el baúl de los recuerdos de Facebook. Me trajo gratos recuerdos la anécdota, además causó que me diera hambre. Soy bien comilón, por lo cual así de rapidito me entraron ganas de comer un buen desayuno. Lo bueno es que estamos de visita en la casa de mi hermana mayor en el norte de California. Sólo tuve que pedirle a ella que me preparara algo parecido. Como en forma de magia frente a mí apareció un manjar mucho mejor que el mío, el de la anécdota del año pasado.

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DESAYUNO RÁPIDO, PERO BUENO

No es que me jacte de ser un gran cocinero, pero el desayuno de esta mañana me quedó a todo dar. Bien mexicano, también. Dos huevos revueltos (o pateados como les dicen en Costa Rica, el país de Vilma, mi esposa), con salchicha y jamón en trocitos, queso derretido arriba, y todo bañado con pico de gallo: cebollita verde, cilantro (en Costa Rica lo llaman culantro, ¡imagínense!). También le puse chile jalapeño y bastante tomate fresco. Todo bien picadito, excepto no todo el tomate. Por eso de la dieta, acompañé la vianda con pan de trigo, aunque habían tortillas.

Hoy es mi día libre; fue por eso que tuve tiempo para hacer mis travesuras en la cocina. Mi esposa está todavía en su país cuidando a su papá y a su hermano mayor. Cuando ella no está aquí, me toca a mí cocinar lo que me gusta. Y como a menudo pido azul celeste, pues me cuesta, por más sencillo que parezca preparar la comida.

Vilma es una gran chef. Buena para la cocina. Parece que no existe platillo alguno que no sepa preparar. Y es rápida también cuando se mete en su onda. Todo le sale bonito y sabroso. Ya tiene fama entre sus amigas y cuando está aquí en Texas, a cada rato la visitan esas damas para practicar eso de comensales. Lo bueno es que se devoran todo, aunque siempre me guardan mi platito, que acá entres nos es suficiente. Con eso de la eterna dieta, me he acostumbrado a comer poquito, pero a cada ratito. Cuentan que eso es bueno, lo de a poquitos, aunque conmigo no funcione. Le echo la culpa a la herencia.

Regresando a lo del desayuno que me hice esta mañana, cabe agregar que aprendí a prepararlo observando a mi mamá y a mi abuelita Cuca en el valle de Mexicali. Las dos eran de rancho. Mi mamá, Lydia García Espinoza, primero cocinaba la torta de huevo y después le echaba la salsa hirviendo encima. Mi abuelita era más tradicional; en la salsa hirviendo aventaba los huevos (sin cascarón, por supuesto), los cuales se cocinaban de inmediato. Ambas versiones estaban buenísimas. Esos sí eran desayunos.

El mío es sólo una humilde imitación de lo que hace muchos años gocé en la tierra que me vio nacer. Pero les voy a ser sincero, esa copia no estuvo tan mal. Saludos.

AUTOR: Pedro Chávez

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